Romina de la Sotta y José Oplustil, la ilusión falsa de elitismo en el mundo de la música docta

Sobre las carencias, prejuicios y transversalidad de la música docta, conversamos con la periodista especializada y el emblemático conductor de uno de los programas más longevos de la historia de la FM nacional.

Horacio Ferro y Tania Selaive

“Si en tu vida escuchaste puro reggaeton, ese es tu espectro, tres acordes, entonces escuchas Queen y ya te parece una sinfonía”, así explica Romina de la Sotta, periodista con más de quince años de experiencia cubriendo música clásica y contemporánea, la relación entre la educación musical y los prejuicios ante los nuevos sonidos.  Los músicos siempre hablan de que el oído se educa, se abre, se sensibiliza, se desarrolla. Si no nos exponemos, jamás vamos a poder escuchar algo distinto, asegura. 

Para esto ocupa como ejemplo su experiencia en un Festival en Alemania dedicado cien por ciento al compositor John Cage, en donde le llamó la atención la presencia de una pareja de ancianos, entonces me acerqué a preguntarles si le gustaba John Cage y me respondieron que no lo conocían, pero que este era su teatro y que siempre escogían una obra del programa independiente que se estuviera presentando. Lo mejor es que les había encantado lo que escucharon y me aseguraron que llegarían a su casa a averiguar más de él, recuerda. No tenían ningún miedo, para ellos era parte de lo que les pertenece porque el teatro local los programa. Tan simple como eso. Si acá tu empiezas a exponer a los niños a la música contemporánea desde chicos, no van a tener ningún miedo a nada”, contó. 

Su pareja, José Oplustil, sonidista de profesión, llegó a Radio Beethoven en 1988 a hacer su práctica como radio controlador y nunca más se fue. De hecho, acaba de vivir la resurrección de un medio que hoy ya se consagra como institución cultural, luego de que la Universidad Católica interviniera para salvarla de su trágico destino: morir por falta de financiamiento. La lamentable historia de la cultura en un país donde los criterios comerciales se imponen en medios de comunicación con programaciones cada día menos arriesgadas. Es por eso que significa todo un logro los veinticinco años de existencia de “Siglo XXI”, su ya célebre espacio dedicado a la música contemporánea, “cuando entrevisto gente que viene de afuera no pueden creer que haya un programa solo de música contemporánea en la radio FM y que además vaya todos los días. Eso no existe en Francia, Alemania, en ninguna parte.”, asegura, muy consciente del privilegio que ese espacio significa para los tiempos que corren. 

José recuerda los inicios de su carrera como tiempos bastante más prósperos para la cultura en los medios, “si tu revisas las radios de los ochentas y las comparas con la actualidad, antes había una gama mucho más amplia de contenidos, había espacios para cosas más específicas, como rock progresivo, música electrónica. Eso se perdió, ya no se encuentra. Ese es un síntoma de que al final es difícil salirse del esquema comercial tradicional, de lo que la gente supuestamente quiere consumir. Y así es como se van perdiendo estas cosas”, reflexiona. 

Si el mercado ya relega al oficio del periodismo musical a una posición marginal ¿cómo es la experiencia de practicarlo con un enfoque en la música docta, un nicho que se encuentra, en cierta medida, a los márgenes del margen?

Romina de la Sotta: Cuando empecé a cubrir estos temas trabajaba en el diario El Metropolitano y apenas quise armar una nota, inmediatamente me di cuenta del gran vacío que existe para entender de qué se trata la música clásica, qué la diferencia de otras músicas, qué la hace igual, y cuál es la música clásica chilena. Me di cuenta de que no tenía herramientas ni de formación, ni tampoco había nadie en mi entorno que me pudiera guiar. Mi sensación fue de una ignorancia generalizada. Luego me pasé a El Mercurio, donde ahí sí hay gente que tiene conocimientos de música, pero se quedaban en un repertorio súper tradicional. Ya barroco les dolía y ya moderno era su límite. Algo posterior a 1930 los volvía locos, ya era ruido.

Dentro de los mismos medios ya es difícil generar una conciencia de que existe la música clásica en Chile, de que existen conciertos gratuitos y que hay un público que no es el público que va por un consumo esnob de la cultura, sino porque le gusta, es difícil hacerlo entender y no te creen. En mi experiencia, he conocido gente de los más variado que escucha música clásica, en particular la Radio Beethoven.

¿Cómo se maneja la relación entre la música docta, una forma de arte que suele estar estigmatizada como algo exclusivo para las élites y el público general desde un medio de comunicación masiva?

Romina de la Sotta: El consumo de música clásica es mucho más extendido de lo que uno cree. Te voy a dar un ejemplo, yo colaboro con Dióscoro Rojas, durante un tiempo participé en una revista que se llamaba “El Guachaca” y cuando me contacté con ellos, hicimos una actividad en el Hogar de Cristo, al llegar escuché la Radio Beethoven más o menos fuerte, empecé a seguir el sonido y llegué a un vivero donde había un caballero que me confesó ser un fiel auditor, que la escuchaba todos los días y junto a sus amigos seguían la programación.  Es decir, hasta en los lugares más marginales de Santiago se escucha la Radio Beethoven. 

Yo no tengo ninguna esperanza de poder escribir sobre compositores contemporáneos extranjeros en un diario, eso es prácticamente imposible. Puede suceder alguna vez por algo coyuntural, o puedes pasar una nota de algún festival o de alguna obra que sea muy estrambótica, pero hay muchas cosas que no entran. Uno trata de buscar algún gancho periodístico o alguna estrategia didáctica, mi primera nota fue ¿por qué la música contemporánea suena tan rara? Y ahí uno le tiene que explicar a los compositores que va a entrevistar que es la única manera, que no se asusten, y ellos se arriesgan porque confían en mí y ¿por qué confían en mí? bueno, porque me han visto en los conciertos. 

José Oplustil: Esa noción de que la música clásica es para una elite no se da en la radio, porque la escucha mucha gente de todo tipo, y gente que llama, opina, pide cosas, se queja, etc. Se produce esa vinculación. A mí me parece que lo de las elites es más una fabricación, una creación, una idea, en parte vinculada a algo probablemente comercial. Creo que lamentablemente la gente que toma decisiones comerciales es la que al final flaquea en estos aspectos, porque ellos también tienen esa idea de que la música clásica es para cierta gente, entonces ellos mismos se van cerrando y al establecer relaciones comerciales lo ofrecen de esa manera, sin saber que es mucho más amplio el espectro.

Yo la radio la he escuchado en un taxi, en la micro, hay un quiosco acá cerca donde el caballero tiene la radio a todo chancho todos los días. Y eso además de lo que uno ve en los conciertos, nosotros no solo vamos al Teatro Municipal, vamos a mucho concierto gratuito a los que va mucha gente, la gente que en realidad no puede gastar plata en las otras temporadas. Hay gente que no se pierde los conciertos gratis, que va a todos y que pueden estar todos los días yendo a conciertos y ojo que muchos de ellos nunca han estudiado música, solo escuchan y escuchan y no tienen ningún problema con no tener una educación docta, es simplemente la música que los ha acompañado en su vida.

Romina de la Sotta:  La naturaleza propia de la música clásica es abstracta, entonces pasa algo muy complejo al hablar de ella, en el caso mío al escribir sobre música también. Lo complejo es verbalizar la música. Hay un problema en la educación musical que tenemos en Chile y es que no tenemos palabras para hablar de música, no poseemos lenguaje para describirla y creo que mucha gente siente miedo de hablar de música porque va a quedarse solo en el “qué lindo, qué emocionante”, miedo a sonar muy banal. Del otro lado existen los que manejan solo un par de conceptos y los ocupan de manera extremadamente cursi. Yo creo que esa sensación de que es de élite también pasa por esta dificultad al hablar, este miedo de meterse donde no te corresponde, de hacer el ridículo. Aunque la percepción musical esté en todos nosotros. 

José Oplustil:  En el caso de la música contemporánea es más difícil aún, en parte porque es música difícil de escuchar y en parte porque no hay una experiencia auditiva más amplia, que tú la puedes haber adquirido quizás escuchando otras cosas, mucha gente que escucha música contemporánea probablemente escucha de todo. Mi experiencia con la música contemporánea es que no solo la disfruta gente que escucha música clásica propiamente tal, sino que se puede entrar por otros lados, eso amplia el público de la radio sin dudas. 

Siglo XXI

Es hoy uno de los programas más históricos de Radio Beethoven, conductor y productor recuerda que no fue fácil que le cedieran ese espacio “Al principio la gente llamaba para reclamar”, recuerda. Y esto a pesar de que el programa siempre ha sido en un horario de trasnoche, justamente por su contenido difícil de digerir. 

¿Cómo lograste posicionar ese espacio?

Al final se entendió que era una necesidad, porque es un ámbito que es parte de la música de la que se hace cargo Radio Beethoven. Es como que un museo no pusiera un Picasso porque es moderno, y tuviera puro Rubens o Velásquez, sin desmerecer eso. Es parte de una evolución y responde también a una cuestión histórica. Beethoven hacía obras con un contenido social y político para su época y Stockhausen o Luigi Nono hacen obras para una época distinta. Entonces, como te decía, es un repertorio que cuesta ponerlo, pero hay que tenerlo. La partida fue difícil, pero al final se estableció, y además fue reforzado por el hecho de que el programa se convirtiera en una ventana que no existía para los compositores chilenos. Y eso ha sido súper importante, porque por lo general, la obra se toca una vez en un concierto, y nada más. Pero si la obra se grabó, se va a tocar en la radio, y en la radio va a seguir sonando, evitando que muera. Esto ha ayudado que el programa tenga su validez tanto para la gente que lo escucha como para los dueños de la radio, pues representa un apoyo a los creadores nacionales.

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