Daresha Kyi, realizadora del documental “Chavela”: “era celosa, vengativa y muy compleja”

La mujer que arrojaba su corazón magullado en sus interpretaciones, sabía mucho de muerte, la del amor. Ícono gay, se paseó con su botella de tequila entre rancheras y boleros y hoy es influencia indiscutida entre las lloronas de las nuevas generaciones. Aquí, Daresha Kyi, una de las realizadoras de “Chavela” (2017), documental cargado en Netflix y el musicólogo Juan Pablo González desmenuzan su figura y canto.

Por Bárbara Alcántara

“Si ya te he dado la vida llorona, qué más quieres, quieres más”, termina una de las estrofas de la emblemática “Llorona”, canción popular mexicana de la cual se desconoce su autoría, pero popularizada por Chavela Vargas, quién con su lamento inconfundible se ha transformado en influencia capital para las nuevas generaciones. Sin ir más lejos, hace un par de semanas la Rosalía presentó su versión de la tradicional canción, pero trabajada con autotune, sí, el popular efecto que distorsiona la voz. ¡A taparse los oídos puristas! 

Aquella interpretación que desgarra el alma de una manera descarada, no sólo ha inspirado a la mujer tras “El mal querer” (2018), en este lado del charco la presencia de la costarricense de nacimiento y mexicana de corazón, se percibe en artistas como Lila Downs, Mon Laferte y Natalia Lafourcade, pues, todas se adueñaron de aquel dramatismo inconfundible y a la vez tan propio de una Latinoamérica orgullosa de sus orígenes. De hecho, Lafourcade desde hace un par de años, se acompaña en los escenarios y en sus últimos discos con Los Macorinos, dueto de guitarristas que solían tocar junto a Chavela en su última etapa como cantante.

Dicho dueto, configurado por Juan Carlos Allende y Miguel Peña, fueron los grandes ausentes en el documental “Chavela” (2017), recientemente estrenado en Netflix y dirigido por Catherine Gund y Daresha Kyi. “Querían que les pagáramos por la entrevista, no pudimos hacerlo, ni a ellos ni a Joaquín Sabina que estaba enfermo cuando le pedimos su colaboración”, detalla Kyi desde Georgia, Estados Unidos. 

“El poder del canto de Chavela viene de su propio dolor, del rechazo de sus padres, una niñez oscura y difícil y eso le instaló una falta de confianza en las personas, le costaba tener relaciones amorosas y todas terminaban de una manera terrible”, revela la documentalista.  Al mismo tiempo añade que “Chavela era celosa, vengativa y muy compleja; entonces ella si sabía mucho del amor muerto, de caer fuerte y luego no poder sostener ninguna relación”. Posteriormente relaciona esta falencia de la cantante, quien murió el 2012 a los 93 años, con su característica soledad, “tenía la capacidad de volver sus debilidades en fuerza, para amar tienes que ser vulnerable y eso no le gustaba, por eso abrazaba la soledad, ya que le daba la capacidad de irse antes de que la dejaran”, comentó. “Pero ella quería ser amada y ahí estaba el conflicto, en el escenario se volvía vulnerable y eso le da tanto poder a su canto”.

De la dueña de ese poder interpretativo, el musicólogo Juan Pablo González opina, “al no ser compositora ella tenía otro estatus, no como José Alfredo Jiménez que escribía las rancheras y al mismo tiempo, por su opción de género y ser mujer, su entrada en el mundo de música ranchera no es la misma que tienen los charros cantores”, comenta. 

“Ella tiene una cierta marginalidad interna acentuada por su género y la discriminación que vivió. También integraba repertorio de bolero, lo que no es un tema menor especialmente el de Agustín Lara; un género más sofisticado, urbano y cosmopolita”, analiza y luego concluye, “entonces ella está entre estos dos mundos, pero sin duda reivindicando la canción ranchera al mundo intelectual, si ella era amiga de Pablo Neruda, García Márquez, Frida Kahlo y Diego Rivera, entre otros”. Junto a eso, el académico de la Universidad Alberto Hurtado, reflexiona acerca de las versiones de Chavela y menciona que no tienen arreglos, “ella está en una época en que hay mucha orquesta, muchos bronces; sin embargo, ella mantiene esta austeridad, incluso aparece con una guitarra en el documental que nunca toca porque ella es el arreglo”. 

El mencionado entorno intelectual de María Isabel de Jesús Vargas, al que hace referencia González, es abordado en la realización y cuenta con entrevistas a Pedro Almodóvar —artífice del segundo aire de la carrera de Chavela, por lo demás—, Miguel Bosé, José Alfredo Jiménez hijo y quién fuera uno de sus grandes amores, Alicia Helena Pérez. “Cuando la contactamos nos dijo que le encantaría hablar sobre la mujer que por momentos la trataba como una diosa y en otros le decía que se iba a aventar por la ventana si no hacia lo que ella quería”, cuenta la realizadora sobre el gran acierto de contar con el testimonio de una de sus amantes y quién, generosamente, cedió fotografías de los años que compartieron donde se puede apreciar la belleza de Vargas. 

“Chavela era muy vanidosa y presumida, usaba su belleza para seducir a las mujeres, era consciente de que era guapa y eso en gran parte le permitía hacer las cosas que hacía”, cuenta Kyi y acto seguido le tira flores por “haberse mantenido fiel a sí misma en una sociedad tan machista como la mexicana”; “ser mujer, lesbiana, pobre e ineducada te pone en una desventaja terrible, pero ella lo volvió en su fuerza y luchó no solo con hombres sino con mujeres también”, aseguró explicando “que las mujeres también participamos de nuestra propia opresión”. 

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