K-Puxa Sound: Himno, cánticos y consignas que reclaman el espacio

K-Puxa Sound es una entrega que funciona como registro y soporte, como memorial sonoro del Estallido Social, consigna de las luchas porvenir e instructivo de cómo la música puede dialogar y avanzar junto a la historia política de la revuelta. En este especial sobre 18/10 hacemos un pequeño recorrido por la construcción del nuevo relato sonoro de nuestro país.

Por Sebastián Herrera

¿Quiere usted una Nueva Constitución?

Apruebo o Rechazo.

¿Qué tipo de órgano debiera redactar la Nueva Constitución?

Convención Mixta Constitucional o Convención Constitucional.

Estas fueron las preguntas y respuestas que se buscaron dirimir el pasado 25 de octubre durante el Plebiscito Nacional. Un 77,8% de los chilenos se manifestaron en las urnas confirmando lo que ya se anunciaba con claridad en las calles: la victoria del “Apruebo” fue inevitable. Este resultado, sumado al 80% de los votos obtenidos por la opción de realizar una convención constituyente, marcaron el inicio de un proceso complejo y de muchos retos, que tienen como norte cambiar la constitución que rige desde la dictadura, a través del voto popular, que escogerá a las 155 personas que darán redacción a la nueva carta magna.

Este triunfo nos hizo pensar en lo que hicimos hace algunas ediciones atrás, cuando sacamos una serie de artículos titulados Resonancias del Fin. La idea fue intentar merodear el relato político inmerso en la música. Gran parte de esas notas resumieron las distintas formas que ésta dio cuenta de nuestros tiempos, como una línea temporal que hacía posible rescatar, de alguna u otra manera, la historia política de nuestro país, una búsqueda que encuentra su arraigo en cierta sensibilidad respecto al entorno nuclear, después de encontrar respuesta a los estímulos externos.

El interés de diversos músicos por los sucesos que ocurrieron en Chile no fue simple curiosidad. Existe algo en sus biografías que se encuentra en disputa: recomponer la historia –la propia y de sus contextos-, o reordenar raíces –exilios, autoexilios, viajes, distancias, confrontación y malestar. Durante el Estallido Social diversos artistas en nuestro país se dedicaron a entender lo que ocurría. En medio de las revueltas y recuperación del espacio público, cada músico se transformó en un activo manifestante y arqueólogo de los sucesos: algunos desde la participación en cabildos, reuniones entre pares, participación activa en la calle y, también, cómo no, haciendo registro de los sonidos de este acontecimiento que encontró en la dignidad su base fundacional.

Entre estas búsquedas, fuimos testigos de algunos trabajos que, con mayor o menor fortuna, dieron como resultado colaboraciones, como “Músicxs por Chile”; compilados, como “Chile no está en Guerra”; y acciones, como “Un violador en tu camino”, de Las Tesis. Muchas de estas producciones tenían algo más cercano a la performance que a la música como tal, reaccionaban sonoramente ante una pregunta que parecía interpelarlos desde el exterior. Parte del paisaje de la ciudad tambien respondía a este forma: cacerolazos, ritmos generados con piedras, aplausos, tambores, trompetas, guitarras, conciertos callejeros, y lives fugaces, que aparecían, sin horario ni ubicación específica, generaban una comunicación transversal entre los manifestantes y la música.

Durante los primeros días de toque de queda, cuando el silencio higiénico marcaba el fin de la protesta, y el inicio de las restricciones, los límites de la libertad, y los espacios de represión se imponían, el sonido grave y uniformados de la fuerza policial era lo único que podía escucharse en Plaza Dignidad. La primera línea se resguardaba en los márgenes del lugar, y los sistemas de limpieza municipal, comenzaban a hacer tabla rasa con la memoria más próxima. Sin embargo, en una de esas noches, desde la altura de uno de los edificios erigidos frente a la “zona cero”, se comenzaron a escuchar voces programadas, al ritmo de beats sintetizados. “Uh, uh, qué calor”, “Evadir, no pagar, otra forma de luchar”, “Paco culiao, lacayo del estado”, entre otra decena de cánticos, fueron amplificados al ritmo de la electrónica, dando un poco de luz y sombra, a ese espacio ocupado por la policía.

No supe mucho más de esa pista de baile revolucionaria, digital y portátil, hasta hace poco: luego del abultado triunfo del “Apruebo” y la posibilidad de escribir una nueva carta magna, recibí un mensaje teñido por esa fe depositada en el término, definitivo, de la resaca dictatorial: “Tras casi 50 años de abusos e impunidad, Chile Explotó el 18 de octubre del 2019, trayendo un vértigo de manifestaciones, represión, abuso policial y consecuencias políticas permanentes. La vorágine de la Plaza Dignidad llevó al encuentro casual entre una fuente anónima y una mugrosa casetera, donde habían sido registradas las consignas de las marchas. Transformadas en DJ Tools, ahora estas consignas están listas para reproducir y desatar la revuelta”, decía parte del mensaje, que contenía, además, los tracks amplificados durante esa noche en Dignidad.

El mensaje era firmado por K-Puxa Sound, nombre de una especie de colectivo que, con once pistas, no solo reproducen, sino que revisitan el malestar. Una compilación de consignas y memes verbales, que se cruzan con ritmos que sirven de ceremonia y conmemoración de las calles de un Chile que despertó. Las frecuencias de este trabajo son la prueba fehaciente de que la música puede ser una herramienta política, o como lo aconsejó, en este mismo número, el escritor inglés, David Stubbs: “¡Si fuera un asesor, no sugeriría una revolución de vanguardia! Pienso en algo más directo. 4/4. Delirio, himno, cánticos, consignas, reuniones que reclaman espacios”.

¿Quiénes son K-Puxa Sound? Es una agrupación anónima que ocupa las máquinas como forma de contribuir al proceso de cambio que vive Chile. Si bien todos los nombres son ficticios, en el mensaje existía una pequeña descripción de cada uno de ellos: “Acid Acab, dúo de techno, noise y serigrafía artesanal. Viejo Chicha, músico popular que toca con su sampler en buses y cantinas; el grupo Los Pinheira Boys, hijos de la transición que tras perderlo todo en la bolsa devinieron en agresivos samplistas urbanos; Lxs Aguafiestas, colectivo de música club deconstruide ubicado al norte de la ciudad; Las Ardillas de Pio Nono, mítico proyecto inédito de tribal santiaguino; Familia Poderosa, los pijos del grupo; y Memazo Boys, colectivo memético de arte digital que se dedica a trollear por twitter. Todos, parte de la escena de resistencia que alimenta la furia chilena contra un sistema que se cae a pedazos”.

En los inicios de las manifestaciones, muchos “paneles de expertos” alegaron que el movimiento era desestructurado, anónimo, sin rostro, líderes, ni con una demanda común. A un año del inicio del proceso revolucionario, podemos decir que la descripción, manteniendo cierta distancia, es relativamente cierta. Vivimos tiempos líquidos, amorfos, que dan cuenta del tránsito de una modernidad sólida, estable y repetitiva, a una líquida, flexible y voluble, en la que las estructuras sociales ya no perduran el tiempo necesario para solidificarse y no sirven de marcos de referencia para los actos humanos. El anonimato, entonces, es una forma de protesta y, las capuchas, un símbolo que exige igualdad.

Eso es lo que transmite este trabajo: sonidos que nos acompañan al ritmo del sueño de refundar el relato de un Chile que, a partir del beat, y la comunión, observa el fin de los tiempos oscuros y el porvenir de otros, que reinventarán el amor, la legalidad, la vida, los lazos sociales, el uso del tiempo, y la amistad. En definitiva, K-Puxa Sound es un anonimato colectivo que encuentra, en las sombras, aquellas formas que excederán el lenguaje en el que podremos vivir.

Escucha el trabajo aquí:

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