Somadamantina: “la lucha siempre ha sido de un carácter conmovedor”

La artista española, una de las figuras míticas del trap español, nos habla de Celestial, lanzado por el sello chileno, Infinito Audio.

Por Sebastián Herrera

Nos hemos olvidado de la emocionalidad, de esa capa que indaga lo abstracto, que traduce la negatividad y emocionalidad del “No” que da frente al exceso de positivismo; un “No” que expone, reproduce y transparenta las resonancias; “No” como “resistencia decisiva”; opacidad que permite nuevas lecturas, más hondas, abstractas y menos predictivas; capaces de representar el cuerpo acontecido, sincopado, lisérgico, incandescente y subyugado en la consumación sicotrópica. Nos hemos olvidado de la emocionalidad, de la simpleza de un fractal abriéndose en miles de patrones que, en su sutil forma, desvelan las diferencias.

Una voz al borde del letargo flota como una imagen entre la bruma. Fractales de dub, trap, hip-hop y electrónica desensibilizan el eco y los sonidos que anteceden a esa voz. Ahí, aparece: un artículo de Vice del 2017 la describió como “la artista más especial que ha dado el trap español”. Somadamantina, alias de Cristina Sanz o también conocida como Slim Kawasaki, u Original Brillantes, construye su singularidad a partir de delgadas y porosas texturas; música consciente de la intimidad y con la suficiente poesía para transportarnos hacia atmósferas extrañas, abstractas, y desconocidas; no sujetas a nada más que asimismas, como si fueran disfraz, velo y trampa de los prístinos vestigios del porvenir.

La peculiaridad del proyecto responde a las formas en que estableció ciertos parámetros musicales: hace trap, pero subvirtiendo el control y rendimiento del género, para dar con una libertad y arrojo más hondo. “El proceso creativo al igual que el imaginario surge y brota de lo más profundo. No sé lo que transmite mi música, eso solo lo puede saber el espectador”, cuenta en una breve conversación. Parece exagerado pensar que ahí se encuentran las nuevas formas de encontrarnos con la música; una forma más opaca, sucia, menos transparente y homogénea; pero así es: su música lejos de cualquier inusitada ilusión, es oscura y singular: “No hay que tener miedo a lo diferente, y mucho menos a ser diferente. El mundo es mucho más rico si tú estás aquí, y completamente diferente si no estuvieras”, explica.

Alguna vez el dramaturgo chileno, Alejandro Moreno, escribió que, “considerando que el cuerpo no está iluminado por dentro, que está apagado hasta que la piel cede al corte y se ilumina, roja, la piel, cuando se abre, se ilumina roja por dentro”, la noción de oscuro se desaprende: lo hondo no es oscuro, sino de un color irreproducible, solo capaz de interpretarse a través de sonidos; una contienda perpetua, social, política, artística e idealista: “la lucha siempre ha sido de un carácter conmovedor, una historia de superación personal. La música me ha salvado de no caer en las drogas y en las armas, siempre me ha ayudado, nunca me ha destruido”.

Somadamantina es muchísimas cosas: no es una artista heteronormativa, habla de comer coños, pero también de amores obsesivos con gangsters flaquitos, de palomitas en el microondas y de tener la cocaína más pura. Es personal, es oscurísima cuando quiere, habla abiertamente de sus problemas con las drogas o la ley, pasando por encima como parte de su cotidianeidad, es feminista pero no sigue fórmulas. De hecho no sigue una fórmula en nada. Usa las bases más alucinantes del panorama, canta como un juego pero canta de verdad. Todo real hasta la demencia.

Vice, 2017.

En 2012 publicó ‘διαμάντι’, su primer trabajo; el 2014, ‘Glamour’; el 2015, ‘Spa’; y el 2020, junto a Infinito Audio, editó una oda a las nuevas formas de construcción social. Magnanimity fue un álbum que, a través del amor, consiguió resignificar el cuerpo sónico, estableciendo nuevos criterios de sensibilidad a la escucha: “es simplemente un reflejo de la realidad o de mi mundo interior. La música refleja sentimientos o ‘moods’ con los que nunca se debe jugar. Quiero decir, que deben ser algo sagrado. Nunca la música debería ser utilizada como un arma suicida para las personas. La música está hecha para disfrutarla, exclusivamente para el deleite personal”, cuenta apropósito de las revueltas sociales de Chile y el mundo. Luego, continúa: “es un lenguaje, y transita en la comunicación entre lo más metafísico e intangible dentro de mí, que se hace presente en la escucha”.

Magnaminity nos llevó por un viaje lleno de melancólica, sensuales, lisérgicas, desafiantes, húmedas, y vaporosas sonoridades, contenidas dentro de una espesa bruma. Ahora, este año, a través del mismo sello nacional, el viaje sale del adentro, para dialogar con la intimidad del cosmos. Celestial es una confirmación de la ofensiva sensible de nuestros actuales tiempos; una mirada por el universo interno. “¿Podemos confiar en lo que vemos? ¿Estamos mirando bien al mundo? ¿Cuál es la verdad y cómo contamos la mentira?”, son preguntas que instala este single, justo en momentos de cambios en el mundo: “el cambio ya ha germinado y lo estamos viendo. Sin embargo, no estoy muy vinculada a él, estoy más ocupada en intentar y querer ser buena persona”, finaliza.

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