Gabriel Vigliensoni: una nueva hoja en blanco

El músico y productor residente en Montreal, Gabriel Vigliensoni, de formación musical y extensos estudios en grabación de sonido, un trabajo que explora las diferentes etapas de flujos en la producción musical y transformando el proceso creativo en un campo de juego para la experimentación y el aprendizaje.

Con su último álbum, Clastic Music, abordó un proyecto de larga duración musical combinado con una aplicación web interactiva, donde cada pista tiene diferentes parches de sintetizador de video que interactuarn a través del mouse, mientras las imágenes reaccionan a la música en tiempo real.

Desde hace un año y medio hasta ahora, parte de mi investigación ha sido buscar texturas. Esta búsqueda viene de los ritmos. Si bien soy un músico que ha trabajado mucho en lo melódico y armónico, también me gusta esta idea que en inglés se dice embodiment, algo así como encarnar y, en mi caso, eso que encarno es la música o el sonido. Necesito moverme con ella. Por eso el groove es importante para mí.

En mi último trabajo, no abandoné la melodía, sino que quise tener un marco de acción más rítmico. Desde hace un tiempo que busco trabajar de esa manera: en vez de enfrentarme a una hoja en blanco, me pongo límites, de esa forma, aúno mis criterios e investigo. En este último álbum, en términos de investigación personal, me he basado en crear un software que sea capaz de aprender diferentes patrones de ritmos, los que proyecto en un espacio. A este espacio, que se llama espacio latente rítmico, accedo a través de un Kaoss Pad, un contralador Midi con grilla, en el que no pasa nada interesante en términos sónicos, sin embargo, lo que me interesa de ahí es el grid, donde mapeo el gesto musical para atraer ritmos. El otro instrumento que ocupo es un Tempest, que es una batería electrónica análoga que creó Dave Smith. Estos es lo que principalmente está incorporado en cada sonido, además de delays y efectos. Busqué encontrar y trabajar con otro tipo de herramientas e instrumentos, con el fin de dar con un diferente tipo de textura rítmica en el total.

Lo tribal no lo busco, me sale de forma natural. Me invade y lo disfruto. Ese tipo de ritmo tiene una estructura con una métrica musical simple, que cuenta en múltiplos de dos y, otra encima, que va en tres, un dos contra tres que es la base de muchos ritmos en Latinoamérica y África. Eso es lo tribal que uno escucha, sin embargo, estos mismos elementos también habitan ritmos de electrónica contemporánea, como lo que pasa en Footwork, incluso Dembow, Qom, Dubstep, o el Trap, que tienen una serie de tresillos que van en tres, pero la base va en dos y eso se junta. Para hacer estos espacios rítmicos que investigo, trabajé con ritmos electrónicos que tienen esta métrica simple y compleja, entonces creo que esa es la cosa tribal que se siente, es ese dos contra tres.

Mi investigación tiene que ver con las posibilidades creativas que el machine learning puede tener para los músicos. Me gusta pensar qué puedo extraer de aquí y utilizarlo en la música. Cuando tengo una serie de data o ritmos, me pregunto qué tipo de hiperplano o desde qué espacio puedo aprender de ellos, para luego navegar por ahí. Ese es el trabajo, tengo la suerte de haber ganado un founding de tres años, para investigar, no solo los aspectos técnicos, sino también para desarrollar output artístico. Sacar un disco es parte de eso, como también desarrollar tecnología para aprender estos modelos y luego en el disco desplegar este aprendizaje. Estoy aunando estos dos mundos: la investigación tecnológica-científica y lo artístico. 

Cuando te enfrentas a un instrumento musical, hay muchas decisiones de diseño, como entender dónde están los botones, cómo vas a mapear tu gesto musical a la salida, entonces existe un diseño de interfaz importante y, una vez que entiendes esto, está el workflow de trabajo, me refiero a cómo llegas a los lugares de procesamiento, cuál es la cantidad de teclas que debes presionar, cuántos movimientos físicos son necesarios para llegar a un paso determinado, en fin. Esta serie de decisiones son muy importantes, porque te permiten el proceso de creación y que la tecnología no moleste en este proceso. Por ejemplo, hay instrumentos musicales que me parecen interesante conceptualmente, pero que al ocuparlos tengo que deshacerme de inmediato de ellos. La interfaz diseñada no va conmigo. No desarrollo instrumentos que tengan que satisfacer a una audiencia grande, no son instrumentos masivos, son de consumo personal, porque todas las decisiones que tomo van satisfaciendo mis necesidades, no necesariamente las de otro. Utilizo interfaces vivas, en el sentido que están todo el tiempo cambiando, con todo lo bueno y malo que esto puede traer.

Deberíamos ser capaces de hacer música con el instrumento que haya. En el fondo el instrumento es una suerte de médium, de conexión, es una parte tuya, es una parte de tu cuerpo que te permite expresar algo. Si el sentimiento que está por detrás es poco claro y piensas que el instrumento te va a llevar a traducir eso, estás equivocado. Seguramente llegarás al preset con la esperanza que eso te haga una canción. Pero ese no es el juego. La idea es hacer música con lo que sea.

Me es difícil hablar de imaginario. Por ejemplo, para este disco es primera vez, desde el 95, en el que no tengo, como parte de mi instrumento central, mi sintetizador. Esto me hizo enfrentar la música de forma distinta. Sin embargo, el resultado, si lo escucho, noto que hay vínculos con lo que hago. Lo atmosférico me interesa, al igual que lo armónico, pero lo hago desde el ritmo. Si tu contexto es distinto, tus características están presentes. Los instrumentos son distintos, pero mis emociones siguen ahí, la pregunta de cómo las hago carne es la misma.

Lo importante es que hay muchos software e instrumentos, que ya tienen muchas decisiones tomadas, ya sea desde el diseño de sonido o workflow, cuesta entender, cuando todo está tan procesado y homogeneizado, qué es lo que quieres transmitir o cuál es el approach. La idea es partir desde lo más simple posible y, a partir de ahí, comenzar a encontrar texturas que evoquen algo, que estén en sintonía con lo que quieres decir. Cuando partes una hoja en blanco, al menos para mí, lo mejor es partir de cosas simples que de cosas prehechas.

Justo antes que partiera la pandemia estaba trabajando con beats bastante rápidos, un ritmo acelerado que seguro era el ritmo que había en el modo de vida, pero que a medida que el tiempo pasó, me fui yendo, naturalmente, a algo donde la textura no era rítmica, sino más bien ambiental, cosas más lentas, simples y quizás encontrando la variabilidad, sutiliza y expresión en menos elementos.

Si buscas desde las texturas encontrarás una expresión, por eso necesitas hacer cosas nuevas todo el tiempo, en contraposición a seguir tocando el repertorio tradicional. Eso me mantiene vivo. Me mantiene alerta. Me gusta enfrentarme a una nueva hoja en blanco. Cambiar formas de trabajo. Perspectivas. En fin. Ese tipo de decisiones me da más libertad, porque me lleva a buscar espacios que me permitan encontrar nuevas maneras de expresarme.

Escucha el álbum pinchando la imágen:

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