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Diego Lorenzini se creyó la muerte

Para nuestra segunda edición, quisimos invitar al ganador del Pulsar 2020 en las categorías “mejor cantautor” y “mejor arte de un disco”  por el álbum “De algo hay que morir” (2019) a hacer el ejercicio de imaginarse y escribir su propio obituario. El artista tras “Sexo amateur”, con su característico sentido del humor, accedió y dejó tatuados sus deseos post mortem. 

Con gran pesar informamos del sensible fallecimiento del ex cadete del club Deportivo Rangers: 

DIEGO LORENZINI CORREA

(Q.E.P.D.)

Como dibujante fue un gran músico y como músico fue un gran dibujante. Católico de formación y agnóstico autodidacta. Según sus propias palabras se murió y no sé dio cuenta. Como mucha gente siempre soñó con ser despedido por mucha gente, y así lo dejó escrito en el obituario que le pidieron escribir en plena cuarentena del año 2020 para revista Grieta, en la capital de la entonces conocida como República de Chile. Con la ingenua, pero ardiente esperanza de que las leyes permitieran que hoy su cráneo fuese utilizado como macetero para plantar un sauce llorón; quien fuera reconocido inesperadamente como Doctor Honoris Causa e Hijo Ilustre de su ciudad natal Talca, vivió con tan solo una pequeña certeza: que la ficción de quienes en paz descansan está condenada a ser una realidad para quienes aún no lo hacen, ya sea en forma de canción, cuento, romance, u obituario. 

Se despiden con mucho cariño estas palabras que sin duda lo sobrevivirán:

Mucha gente.


Pascuala Ilabaca

La segunda invitada a escribir sus propias palabras de despedida es la compositora y artífice constante de levantar y acercar el folclore a las nuevas generaciones. Aquí, con un pequeño texto, imagina como sería su obituario el cual, está cargado de humildad y sentido del humor. Seguro, cuando realmente se escriba, será mucho más que esto.

Durante la cuarentena en Valparaíso agonizan y mueren múltiples Pascualas. Sus restos, pelos, velos, rabietas, sumisiones, autocomplacencias y domesticaciones varias, han sido incinerados en ceremonia privada. Sin embargo aún podemos oír sus fantasmas en las noches de eclipse o avistarlos en el caudaloso río «Instagram» o en el pantano «Facebook». Agradecemos sus muestras de afecto, los agotados restos descansen en paz. 

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